La farmacia comunitaria, clave en la detección temprana de la enfermedad renal crónica
Una terapia génica dirigida a circuitos cerebrales del dolor reproduce los efectos analgésicos de la morfina sin activar las vías asociadas a la adicción.
El dolor crónico constituye uno de los grandes problemas de salud pública a nivel mundial. Afecta a decenas de millones de personas con un impacto directo en la calidad de vida, la salud mental y la capacidad laboral de quienes lo sufren. Por este motivo, a menudo se le describe como una “epidemia silenciosa”, con un elevado coste sanitario y social.
En la actualidad, los tratamientos disponibles para el dolor crónico son limitados. Los analgésicos opioides, como la morfina, son una de las opciones más eficaces para aliviar el sufrimiento. Sin embargo, su uso prolongado se asocia a la aparición de tolerancia, dependencia, diversos efectos secundarios graves y riesgo de trastorno por uso de opioides. Esta situación ha impulsado la búsqueda de alternativas que permitan aliviar el dolor sin reproducir los problemas asociados a estos fármacos.
Una estrategia muy prometedora es la presentada recientemente por investigadores de la Universidad de Pensilvania, en colaboración con la Universidad Carnegie Mellon y la Universidad de Stanford. Se trata de una terapia génica capaz de reducir el componente emocional del dolor crónico actuando sobre circuitos cerebrales concretos. Con resultados prometedores en un modelo animal, los investigadores proponen un modo de reproducir los efectos beneficiosos de la morfina en el cerebro sin activar los mecanismos que conducen a la adicción.
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