Cómo afectan las enfermedades reumáticas a las relaciones sexuales (y cómo mejorar estas)

Cuando el dolor es crónico se convierte en un factor estresante para nuestro cuerpo y nuestra mente. La Psicología se convierte en aliada con técnicas que promueven la relajación física y emocional.
Fuente: EFE Salud
Psicología aplicada al dolor crónico, con terapias cuerpo-mente (desde técnicas de relajación corporal a meditación) que han demostrado beneficios en diversas enfermedades crónicas.
Así se recoge en la guía “Autocuidado en las personas con dolor”, coordinada por la enfermera Manuela Monleón, especialista en enfermería familiar y comunitaria y doctora en Cuidados de la Salud, en colaboración con la compañía farmacéutica Grünenthal.
La publicación promueve de manera sencilla el desarrollo de una “conducta analgésica” para combatir el dolor, es decir, qué puede hacer el paciente en diferentes ámbitos “para estar mejor y convivir con la enfermedad, lo que repercutirá en la salud y en la autonomía”, explica la enfermera.
El dolor crónico supone un estrés, no solo por la sensación dolorosa, sino también por lo que conlleva vivir con él, como pensamientos catastrofistas, percepción de falta de control y problemas de sueño.
Por eso los tratamientos dirigidos a la psicología y a las emociones de las personas con dolor crónico pueden ayudar a la autogestión del dolor.
La guía alude a las técnicas de relajación que mejoran el patrón de sueño y previenen el catastrofismo asociado, “desviando la atención y consiguiendo de manera indirecta una reducción de la sensación dolorosa”.
Psicología aplicada al dolor crónico, con terapias cuerpo-mente (desde técnicas de relajación corporal a meditación) que han demostrado beneficios en diversas enfermedades crónicas.
Así se recoge en la guía “Autocuidado en las personas con dolor”, coordinada por la enfermera Manuela Monleón, especialista en enfermería familiar y comunitaria y doctora en Cuidados de la Salud, en colaboración con la compañía farmacéutica Grünenthal.
La publicación promueve de manera sencilla el desarrollo de una “conducta analgésica” para combatir el dolor, es decir, qué puede hacer el paciente en diferentes ámbitos “para estar mejor y convivir con la enfermedad, lo que repercutirá en la salud y en la autonomía”, explica la enfermera.
El dolor crónico supone un estrés, no solo por la sensación dolorosa, sino también por lo que conlleva vivir con él, como pensamientos catastrofistas, percepción de falta de control y problemas de sueño.
Por eso los tratamientos dirigidos a la psicología y a las emociones de las personas con dolor crónico pueden ayudar a la autogestión del dolor.
La guía alude a las técnicas de relajación que mejoran el patrón de sueño y previenen el catastrofismo asociado, “desviando la atención y consiguiendo de manera indirecta una reducción de la sensación dolorosa”.
La meditación se centra básicamente en la manera en la que se mantiene la atención. Existen varias modalidades de práctica, pero la más frecuente es la meditación de atención focalizada.
Esta técnica consiste en dirigir la atención hacia un foco previamente establecido, y normalmente el soporte más utilizado es la respiración:
Recomendaciones:
El humor y la risa se han asociado a una disminución de los umbrales del dolor en pacientes con dolor crónico, posiblemente debido a un aumento de las endorfinas, que hacen que el paciente se sienta mejor, según la guía “Autocuidado en las personas con dolor“.
Además, también se han realizado estudios concretos en pacientes con dolor crónico en situación paliativa, y los resultados demostraron que, tras exponer a los pacientes a diferentes situaciones humorísticas, éstos demandaban menos medicación para el dolor, sonreían más a menudo, dormían mejor, y en general manifestaban tener una mejor calidad de vida.
Además, dedicar el tiempo libre de forma activa contribuye a fomentar las relaciones sociales, aumentar la autoestima y a aliviar el dolor, abandonando el sentimiento de soledad e inutilidad y de tristeza que puede ocasionar el dolor crónico.